domingo

Inés LaCalaca Merenjifo - Volúmenes 1, 2, 3, 4 en formato Mp3 (Disco) DESCARGA DIRECTA












Ya está disponible en la presente entrada y en la sección descargas de este blog el disco Volúmenes (1) Estado, (2) Material, (3) Isópodos de una rata en el mar, (4) Sobre morir, que reúne 4 trabajos anteriormente grabados de manera casera, artesanal, pirata; editados y publicados en esta misma página, pero con modificaciones. En el primer volumen (1) Estado, por ejemplo, hay pistas que han sido modificadas, se les han agregado sonidos o han vuelto a ser editas para dar más sentido a la trama del disco. Igualmente, (3) Isópodos de una rata en el mar, es la guagua deforme de una relación incestuosa entre los anteriores trabajos Como isópodos de pez y Ratas. Son 72 pistas que pretenden arruinarle la cabeza y un bonito diseño que pretendo imprimir para hacer un lindo CD.

DESCÁRGALO AQUÍ:






miércoles

Sobre morir y volver a nacer (Disco) DESCARGA DIRECTA





Ya está disponible en la presente entrada y en la sección descargas de este blog el disco Sobre morir y volver a nacer con 18 pistas, continuación de Como isópodos de pez, que tendría que acompañar a un cuarto número de la revista merenjifo. Incluye temas nuevos y viejos.

















domingo

Inés


En la oscuridad la escuché decir las siguientes palabras.


Me dices que la vida es bella, yo te digo que es incendio, que es grito enjaulado, sonido que traspasa las rejas, sí, es bella. Se abrirá paso entre ruinas de generaciones caducas, destruidas por lo que llamaron tiempo y que no era más que el eco de pulsaciones musicales mal escuchadas, la vida se abrirá paso en la desaparición de generaciones perdidas en miles de años más de humanidad. Me dices “no, pero ahora, hablo del presente”, ahora también, te respondo, las prisiones ya están construidas, ¿evolucionarán? No, la evolución como cambio no es una propiedad de los materiales sólidos e inertes, el perfeccionamiento de las estructuras como producto de las grandes ideas de los dioses de la civilización sí, la superación de la antigüedad desde la innovación carcelaria no se basa en la destrucción de lo anterior, sino en el revestimiento de lo vetusto, por eso está condenada a sucumbir ante la naturaleza viva que rodea extensas ciudades de muertos materiales. ¿Qué tanto variará la arquitectura?, No creo que mucho, ¿puentes de cristal y cúpulas gigantes con ambientes artificiales?, siento matar la ilusión futurista que puedas tener. Pero no me atrevo a referirme con tanta soberbia al futuro. La belleza de la vida de hoy se abre camino entre muertos, y nosotros/as nos alimentamos de la muerte para convertirnos en árbol de raíces y rizomas. La belleza de la vida de hoy está en la decadencia de la civilización y en la mortalidad de la estructura, donde ciegamente los del poder pusieron sus espíritus y vertieron su fe. Está en momentos que te liberan de la experiencia presidiaria. La vida de hoy es bella en la espontaneidad de los eventos que suceden en la realidad (tiempo, espacio, o no), en el amor, en la rabia y en la destrucción, en la realidad que dibujes con tus cinco sentidos, tus dibujos se prolongan al infinito y eso es bello. El fuego es bello, y muy fácil es generarlo, si la vida es un incendio, no se abre un camino, sino miles y si consideras que la vida es bella, debes estar en alguno de esos caminos. O morir.










sábado

Arder

Ratas

Pensamientos que las gaviotas hambrientas extraen de los basurales,
Ideas que identifican a las masas descabezadas
Que reemplazan su ausencia de extremidades con un televisor.
Dedos inservibles, muertos, y extirpados con un billete nuevo.

Un violín rosado se tiró al Mapocho,
Dios no fue más grande que sus problemas,
No tenía cuerdas, tampoco clavijero,
Se las cortó una hiena burlesca que vestía terno y corbata.

Una nube negra descansa sobre la ciudad,
Un aroma aflores marchitas expele el alcantarillado,
Un manto de indiferencia cubrió las casas de sus familias perfectas,
De casas sin techo, sin muebles y sin suelo.

Un corazón ha emergido desde el fondo de la tierra,
Se hizo pedazos cuando un paco le disparó,
Se convirtió en mierda cuando un cura le dio su bendición.

¿Qué sabes tú de hablarle a los muros helados?
¿Qué sabes tú de comer telarañas de azúcar?
¿Qué sabes tú de cantar entre ratas nerviosas?
¿Qué sabes tú de lluvia de perdigones en tus techumbres?
¿Qué sabes tú del significado de esta horrenda canción?

Vienen llegando ratas negras atraídas por la música
Que sale disparada por la boca abierta de esta guitarra,
Vienen llegando ratas, ratas, ratas, ratas.
Que no pueden llorar…
Y solo les queda callar.

¿Callar?

Aquí el que calla muere.

Y si no reconoces de quién son las astillas
que se enfilan entre el dedo y la uña
no sabrás de quién son los muertos,
de quién los mártires,
quiénes los asesinos.

Como gusanos saliendo de las cuencas calavéricas
brotan las palabras hediondas a discursos muertos,
de mártires podridos, sin cal ni azucar,
sin vida ni tiempo.

Otorgando sentido a tu silencio desintegrarás las larvas
y las convertirás en globos oculares,
entonces, rata



Ya no tendrás que callar.



Y podrás golpear tu cabeza contra los muros de tu prisión.



En esta tierra desdichada no hay lombrices,
En este mar no hay peces de cristal,
En este río de cemento no hay piedras bajo las que desaparecer,
En este universo no hay planetas con anillos de oro,
Esta es la ciudad de las alcantarillas
De las ratas ciudadanas.

Aquí se asesinan bombas de sangre.

Aquí el protagonista es el claustro, ¡qué tema!
Aquí hay bonitas casas, enormes casas,
En las que feliz comparte la familia, sin reparar
En que debajo de su wáter viven ratas jorobadas,
Calladas ratas, que se alborotan ante el suspiro del fuego.

La felicidad es otro tema, no me hable de eso, no no no.


Ya no tendrás que callar:
Podrás llorar.



Y podrás golpear tu cabeza contra los muros de tu prisión
Lamentando momentos perdidos por haber actuado desde la razón.


Ya no tendrás que callar:
Podrás gritar


Y podrás azotar tu cabeza contra la estructura de la prisión,
O reventar tu cabeza con libros que hablen de revolución.



Ya no tendrás que callar:
Podrás volar.
Ya no tendrás que callar,
El llanto no te lo debes guardar.



Y podrás volar sobre sus cuerpos convertido en fuego, en liberación,
Y quemarlo todo antes de que termine esta canción



Ya no tendrás que callar,
Ya no.

domingo

Como Isópodos de Pez (Disco) DESCARGA DIRECTA






Ya está disponible en la presente entrada y en la sección de descargas el disco Como Isópodos de Pez, continuación de Estado Merenjifo y Material Merenjifo, acompañará al tercer número de la revista Merenjifo que próximamente estará también disponible en la sección de publicaciones.




jueves

RATAS - Acañir Patín Merenjifo (Disco) DESCARGA DIRECTA





Ya está disponible en esta entrada y en la sección de descargas el disco RATAS, el vestigio de la trova ruidosa de Inés Calavera. Contiene siete canciones + cuatro más como bonus, sus letras y una bella carátula diseñada por El Barrancas.

DESCARGAS (NOTICIA IMPORTANTE)



Los links de los discos que estaban malos ya han sido reparados. Vaya a la zona de descarga y compruébelo, se encontrará además con nuevo material, si existe alguna falla hágamelo saber.


Para ir a la zona de descargas pinche AQUÍ

Ratas (parte3)

En esta tierra desdichada no hay lombrices,
En este mar no hay peces,
En este río de cemento no hay piedras,
En este universo no hay planetas con anillos de oro,
Esta es la ciudad de las alcantarillas
De las ratas ciudadanas.

Aquí se asesinan bombas de sangre.

Aquí el protagonista es el claustro, ¡qué tema!
Aquí hay bonitas casas, enormes casas,
En las que feliz comparte la familia, sin reparar
En que debajo de su wáter viven ratas jorobadas,
Calladas ratas, que se alborotan ante el suspiro del fuego.

La felicidad es otro tema, no me hable de eso, no no no.

miércoles

Ratas (parte2)

Callar
¿Callar?

Aquí el que calla muere.

Y si no reconoces de quién son las astillas
que se enfilan entre el dedo y la uña
no sabrás de quién son los muertos,
de quién los mártires,
quiénes los asesinos.

Como gusanos saliendo de las cuencas calavéricas
brotan las palabras hediondas a discursos muertos,
de mártires podridos, sin cal ni azucar,
sin vida ni tiempo.

Otorgando sentido a tu silencio desintegrarás las larvas
y las convertirás en globos oculares,
entonces, rata, ya no tendrás que callar.

lunes

La eucaristía de Orlando


Orlando era su nombre, un coleccionista aficionado de restos fósiles. Su afición lo llevará a pactar con el mismísimo diablo.

Orlando observaba detenidamente cada adquisición. Cada pieza le abría mundos, completos mundos, un viaje al pasado, cada pieza era una carta de amor enviada desde el paleolítico, las más hermosas cartas cuyas sedimentadas líneas lo invitaban a tomar placer del tiempo, a imaginar la roca antes de alguna diagénesis, a imaginarla desnuda y a imaginar cómo los miles de años la vistieron. Cada resto era para él una suerte de lente, puente imperfecto entre su presente protagonizado por la imaginación y un pasado global.

Y así pasaba su tiempo, sosteniendo el pasado en su presente, la muerte, la resequedad, el olvido sostenidos por sus manos vivas, húmedas, sanguíneas.

Sí, alguna vez quiso llevar más allá su afición y estudiar la carrera de paleontología en alguna universidad prestigiosa, pero no, no le alcanzó ni el dinero ni el cerebro. Es así que sin tener mayores conocimientos sobre la disciplina se valía de la imaginación para sacar sus propias conclusiones.

Orlando era un tipo solitario, vivía con y para sus restos, pero tenía ya muchos amores muertos y ninguno vivo. Jamás en ello había pensado. Entonces comenzó su angustia.
Con los años ya no veía placer en sus rocas, sino decadencia. Sentía que si no encontraba pronto a una mujer que le correspondiera se petrificaría solo y sin amor. Fue así como cambió su interés por conocer del pasado, por conocer del infierno. Así como los fósiles eran el puente que unía el pasado con el presente, necesitada encontrar un puente que uniera el mundo con los infiernos, y con su virrey, el mismísimo Satanás, para llegar a un acuerdo.

No se le hizo difícil encontrar a quien lo asesorara en el pacto fáustico, tampoco encontrar el puente, no era más que un grabado en el suelo de su casa con una simbología extraña, su nuevo amigo ofreció hacerlo, por paga Orlando le ofreció al satánico restos fósiles, y éste aceptó.

Dentro del pentagrama que el satánico había dibujado en el suelo, Orlando se encontró frente a frente con el todopoderoso mandinga. Compartieron una copa de vino y comenzaron a negociar:

- Dime, eh, ¿cuál es tu nombre?
-Orlando, su majestad.
-Dime, Orlando, ¿por qué me has llamado?
- Quiero ofrecerte mi alma, para que la devores o te la lleves a la eternidad del fuego.
-¿Y qué quieres a cambio?, déjame adivinar… una mujer… ¿cuál es su nombre?
- Aún no lo sé, quiero saberlo…
-Ah, entiendo, “Orlando era un tipo solitario, vivía con y para sus restos, pero tenía ya muchos amores muertos y ninguno vivo” . Puedo darte una mujer, hermosa, inteligente y con intereses afines a los tuyos, pero hay un problema. No quiero devorar tu alma porque la soledad la volvió amarga y repugnante, y no quiero comprarla para llevármela al infierno, pues, ya está condenada, no me es conveniente. ¿Qué me puedes ofrecer a cambio?
- Fósiles, los tengo de todo tipo, la más grande colección de fósiles, los más claros susurros del pasado.
- ¡Basura!, no los quiero. ¡Ya sé!... quiero tu risa.
- De acuerdo. Te vendo mi risa…
- ¡Hecho!, firma aquí Orlando, y escupe en el espacio indicado.

Y así fue como Orlando vendió su risa al demonio.

Días después recibió una carta de la revista Fósil, a la cual estaba suscrito, firmada por el Consejo de Monumentos Nacionales, por el vicepresidente del Colegio de Geólogos de Chile y por el director del Museo Nacional de Historia Natural, Sr. Claudio Gómez, informándole que había sido elegido junto a cinco personas más a visitar una excavación en el lago Chungará de la región de Arica y Parinacota, y a ser partícipe de la maravillosa experiencia de la arqueología.

A pesar de tratarse de tumbas aymara con un valor antropológico, algo alejado de los intereses de Orlando, al verse con todo pagado, no se rehusó y asistió.

Fue en ese viaje donde conoció a Claudia, bella mujer, también ganadora del concurso de la revista Fósil y por lo tanto también interesada en los muertos. Hablaron, tomaron pisco, se conocieron y pasaron la noche juntos en el hotel continuo al restaurante Bavaria. Amaron sus cuerpos y los de los muertos, amaron sus presentes y sus pasados, amaron sus fluidos y la arena del desierto, la humedad de sus pieles y la resequedad de las momias aymara. Pero Orlando no reía jamás.

Volvieron a Santiago juntos, Orlando estaba enamorado, pero no podía sonreír.

Un día, fueron de paseo al litoral central, y cuando estaban tirados en la arena clara del Quisco, Claudia le preguntó a Orlando: -¿Por qué nunca ríes?
- No es asunto tuyo- Le contestó Orlando.
- Sí lo es, no quiero estar con un seriote que no se ríe con las tallas que le tiro, no quiero hacer el amor con un muerto, así que me cuentas o esta relación se termina aquí.
- No me lo creerías – le contestó resignado.
- Pruébame…
- Vendí mi risa al diablo para conseguirte a ti.

Orlando no lo sabía, ni idea tenía, lo supo cuando una noche que dormía con Claudia se le apareció el diablo a los pies de su cama, “Los pactos son secretos, ¡secretos!”, le dijo. Desde aquella noche Orlando se vio culeando con una momia aymara, contando sus noches, esperando aquel susurro frío, a aquella doña muerte que su alma de las mechas se llevaría al infierno, para encontrarla con un Satanás que de la risa se caga, que con un dedo apunta su alma condenada al fuego eterno, mientras su cuerpo acariciado por los años se agusana, se pudre y se dispone a complejos fenómenos químicos, que Orlando en vida jamás entendió, que vestirán sus huesos desnudos con el polvo de los siglos, detrás de una diagénesis melodiosa, romanticona que convertirá su cadáver en fósil.

sábado

Rojo y Blanco

Sus caras, arrugadas, ojerosas,
No son más que calaveras cubiertas de piel,
Como la jaula del mago,
Que hará desaparecer a la paloma blanca que está dentro.


(…)

No sé… no sé, no sé, no sé. Yo estaba meando, y de repente me caí, ¿Tengo pichí en la cara? ¿Me mié’n los pantalones?

No hable compadre, no hable. Voy a ir a buscar a alguien.


(…)

Luchito, por fin llegaste.

No soy Luchito, no hable compadre, llamé a una ambulancia, ahora tengo que irme, no, no quiero involucrarme en nada.

Luchito, quédate conmigo, me mié’n los pantalones parece.


(…)

Hasta ese momento no había mirado el suelo, ¿tanta sangre le puede salir a una persona? ¿Tanta sangre tenemos dentro? Creí que esto sólo se veía en la películas ¿qué chucha me pasó? Parece que me voy a morir. Ay, me está empezando a doler esta huevá.

“¡No te toques!, no te toques la herida”, me dijo una voz femenina articulada por una garganta pequeña.

Y tenía razón, quién sabe que huevá me contagio en este suelo cochino, quién sabe. La ambulancia se está demorando mucho.

Hice un intento por moverme y de pronto me vi gritando de dolor. Ni cuenta me di, no supe en qué momento comencé a gritar, fue un grito instintivo parece, inconsciente, entonces abrí los ojos.

(…)

¿Magali?, viniste a verme… así… ¿qué querí? ¿Echar una cachita? No podemos, el suelo está muy…


(…)

Frío, cochino, hediondo a güitriao, clorado por los tantos años que el tío del aseo deslizó el mismo raído pale por la cerámica blanca, siempre en la misma dirección, con la puerta abierta de par en par, ¿por qué ahora está cerrada? ¿Quién chucha es…?

(…)

¿Magali?, no hable mejor oiga, que apenas puede, además dice puras huevás, quédese tranquilito no más, que la ambulancia ya viene, ¿ya?

(…)

El contraste que la sangre hacía con el blanco de la cerámica se me mostraba como algo familiar, también me impactaba, y también me daba cierto asco, creía sentir el olor de mi propia sangre.

(…)

¿O es el pichí?

¿Cómo?

Parece que me mié’n los pantalones

Estese tranquilo oiga, no se preocupe por huevás

¿Estoy perdiendo mucha sangre?

Un poco

¿Me voy a morir?


(…)

La gran cantidad de sangre que de mi cuerpo fluía producíame una sensación ambivalente: por una parte me hacía sentir pavor, un blanco miedo avivado por un más o menos absurdo miedo a la muerte y por la otra me hacía sentir… no sé, me causaba cierta alegría, la roja alegría de la abundancia, de tener mucho de lo que sea…

(…)

No sé si me entiendes

¿Qué cosa?

Na… da.

(…)

Abrí los ojos, no sé cuanto rato los mantuve cerrados, estaba rodeado de gente que curiosa miraba, y comentaba, y especulaba sobre lo sucedido.

“lo apuñalaron, lo apuñalaron por la espalda mientras meaba” y parecían tener razón.

¿Qué tanto miran las mierdas? ¿Soy acaso su espectáculo? Calaveras culiás ¿qué quieren de mí? ¿Qué me pare? ¿Qué sobreviva? ¿O me quieren ver morir? ¿Quieren guardar en sus memorias tontas la madrugada en vieron morir a un hombre frente a ustedes, meado en los pantalones, en el suelo helado del baño de un bar? No les daré en el gusto, miren como me levanto en sus caras, sapos de mierda.

Me levanté firmemente y salí del baño caminando, me vi ante la barra del bar y encargué otra cerveza, miré hacia el baño que había dejado atrás, la puerta seguía abierta y allí estaba el charco rojo de sangre, en el piso de cerámica blanca, olvidado, y allí los sapos, observándome atónitos. El wurlitzer seguía sonando, la gente seguía tomando, seguían las calaveras conversando de sexo duro. Me serví un vaso y me lo mandé al seco, entonces la cerveza comenzó a salirme por la herida a chorros.

(…)

Jajajajaja

¿De qué te ríes?

No sé, ¿n… no me puse de pie?

No

¿Me mié’n los pantalones? ¡Qué vergüenza! Magali, delan… te de to… dos estos saa… pos.

Shh, No hable oiga, quédese tranquilito.

(…)

Suavemente me encaminaba hacia un campo de sueño, cual bolígrafo rojo que subraya un título importante de algún contenido escolar sobre una hoja blanca cuadriculada.

“Espera, no te mueras todavía”, me dijo una voz pequeña.

(…)

Espera, espera, ya llega la ambulancia.

m… e d… due… le…

(…)

La puerta del baño se abrió de par en par y entraron los médicos.

Déjenme aquí nomás por favor, no me toquen, los médicos parece que no me escuchan, no, no me escuchan, ¿qué fue lo que me pasó? ¿Me apuñalaron oiga, calavera pasmada? ¿Me mié’n los pantalones? Oiga doctor, doctor calavera, déjeme morir tranquilo, por favor, déjeme morir piola aquí, suéltenme, me duele brutos culiaos, suéltenme, ¿dónde está la calavera pequeña? ¿Magali? ¡Magali!.

Nadie parecía escucharme, todos miraban. Nadie parece escucharme, todos miran, parece que una historia está llegando a su fin, parece que un narrador está por morir.

Casquivana

Modelaron tus ojos desde el silencio,
Validaron, las interpersonas, tus labios.
Ante el bajo costo de tus tetas
Te convirtieron en sombra viva
De lavatorios con agua tibia,
Tonto receptáculo
De las más violentas prácticas.

Al pie de obra
Tocaron tus páginas
(Sin pretenderte rosa, sin desearte moral)
Cabezas con gargajos de certezas,
Cual Pedro de Manolo Galván.
Sí, cabezas viciadas
De aroma imbécil, de vainilla tonta,
De estúpido anís y fluidos hediondos;
Como parlantes ocultos
Que cantan discurso subliminal
Al oído del casco viejo de Santiago.
Ridículas como las más legítimas prácticas amatorias.

viernes

Andamio


Encontré por ahí cinco recortes que había hecho hace algún tiempo.

Edipomón


La toma del Edén


Ups!


El bebé cíclope hijo de la guagua


jueves

La ciudad apesta


Fuego


domingo

Carlos Félix Feliz

Cada noche despertaba confundido “de nuevo llora esa guagua”, complicándose por el dócil engaño que sus sentidos y su mente barajaban en una bifurcación casi real de aquel llanto con el maullar de gatos de tejado en época de celo, negros todos, felinos libres pintados de noche. Al ganarle lo racional volvía a estrellarse la cien contra la almohada, evocando recuerdos añejos, de largas conversaciones con su amigo el Nanito chico, mientras su gato Gilberto, un Felis catus Mau Egipcio, se abría camino entre los amistosos cuerpos, ansioso por ver de nuevo a aquella rata Laly que le robó el corazón; Nanito siempre lo mencionaba, o creía mencionarlo, embriagado con copetes baratos, volao y pensando, entonces la llamita de las palabras se encendía y la conversación se avivaba, siempre entorno a los gatos, “todo el mundo cree que los egipcios fueron los primeros en domesticarlos, pero yo creo que fueron los del Medio Oriente, ellos fueron los primeros seres humanos que tuvieron un contacto directo con los Felis silvestris lybica", “¿con los qué?”, “los gatos salvajes africanos”.

“Ayer me encontré a la rata Laly
Estaba sentada en el cordón
Estaba sola triste y desdichada
Y de sus ojos le colgaba un lagrimón”


Cantaban él y Nanito, diéronse entonces su primer beso, desde aquel día dejaron de ser amigos.

Cada noche despertaba confundido, los gatos parecían llorar, “estarán en celo” se decía Carlos, “por mí que se maten estos Félix”.

Carlos apretaba sus labios cada vez que se acercaban a la boca del Nanito.

Él no era un gato, no tenía espinas en el pene, aún así, cuando lo penetró por primera vez sufrió como a quién mil veces lo apuñalan en el ano. Dando unas palmaditas en el glúteo derecho de Carlos, Nanito trataba de calmarlo, “¿Te duele? ¿Quieres que pare?, estás llorando como una guagüita”.

“Cuando a los gatos les llega la hora se aíslan del mundo, mueren solos, es esconden” le dijo la señora Vicky, su vecina cuando le comentó que encontró a un gato muerto en el entretecho de su casa cuando subió a conectar la antena exterior que de noche se había desconectado, “No creo señora Vicky, estos animales andan en celo, se andan peleando a las hembras, lo deben haber muerto”.
El Nanito chico había crecido, Gilberto había muerto hace algunas semanas. “A mi Félix lo envenenaron Carlos, yo sé que así fue”.

No pudo evitar sentir algo de culpa al recordarse comprando aquel veneno mortal en la ferretería, “estaba curao” se excusaba ante sí mismo “estaba curao e inyectao”. “¿Tiene Asuntol?” le preguntó Carlos a Don Elías Aceituno el ferretero, metió el químico en el bolsillo de su chaqueta y dirigió sus pasos al supermercado atravesando la calle en un vector diagonal para comprar un tarro de jurel.

Fue como abortar, fue como apagar el llanto de la guagua que nunca soñó tener, fue como matar al Nano o a una parte de él, como apuñalarlo por la espalda o como haberlo cortado en dos con una sierra eléctrica, fue como cocerse el ano, como hacerse una cirugía, como convertirse en mujer, como convertirse en hombre, fue tan dulce como vengarse, como borrar sus marcas o, según diría Don Elías el ferretero, la Señora Vicky, como diría su padre golpeando la mesa, su madre llorando mientras su marido a gritos negaba ser el padre de su hijo, o según dirían los detentores de la ley, los legítimos ciudadanos, la iglesia, dios y los superhombres que se agarran y desgarran los coscachos en el ring: fue como haber hecho el servicio militar.

jueves

Acañir, el zorro libre





Dibujo caótico

Yo no fui


Dibujo caótico

Flaco Samuel



Dibujo caótico

El Pescador de Botas


Dibujo Caótico




sábado

Baratas

Hay garrapatas tomando el sol:
Baratas de noche;
Lágrimas de día,
Baratas de noche;
Delirios de viejos infiernos,
Baratas de noche.

El pelo que se va por la tubería de la ducha se estanca, se alimenta de jabón y
ahí se queda. Crece y crece hasta que cobra vida propia:
Baratas de noche.

Se esconden bajo la puerta, aprovechan la humedad del baño:
Baratas de noche.
Gargantas retorcidas de día,
Baratas de noche;
Pececitos asustados de día,
Baratas de noche;
Fuimos niños/as de día,
Baratas de noche.

viernes

Agujeros

Odio, rabia y ganas de asesinar
A quien dice ser quien no es
Y se esconde tras el humo
De sus entrañas siempre esparramadas
Entrecubiertas por más humo
De verdaderas falsedades sepultadas
Por cerraduras panópticas
De tus ojos que dictan certezas X
Socialmente edificadas por la violencia
De bocas abiertas y rostros negros
Que no alcanzan a digerir
La luz de la luna.

Ojos que ven
Cuchara que revuelve destinos indivisibles.

Noche negra
Antojos sobre los porotos vertidos
Besos abrazados por el tufo
De dioses ausentes
Democráticas expresiones, poetas caninos
Y mitos que alivianan soledades:
En su regazo caballos inocentes
Siempre chicoteados por
Jinetes enloquecidos por Marcela,
En-lo-que-sé, Matías te mira desde lejos.


Aquella noche muerta
De vómitos presentes y dinosaurios ausentes
Y moretones presentes
Y besos y dioses ausentes
Y cortes y sangre presentes
Y contusiones y fracturas presentes
Y golpes presentes y amores ausentes
Y miedo y pánico presentes, y todo,
Llegué a una conclusión:

Un nocturno cielo estrellado no es más que un oscuro manto agujerado que protege
nuestros ojos de la incandescente luz del más allá.

Felices tus muertes

¡Qué triste ver tu rostro
Cuando mi boca se adormece!
Qué triste escucharte hablar
De lo que te rehúsas a creer
Qué triste oírte
Hablar con los muros
Tristes tus testículos
Tristes tus ovarios.

Feliz el piso
Bienaventurada la mierda
Que dejaste tras tu paso

Felices las yemas de mis dedos
Que no pueden tocarte
Felices mis ojos que observan
Tu rostro helado
Tras el cristal.

Felices tus muertes
Mencionadas una y otra vez
Por mi boca entumecida
Por el néctar de tu sexo.

Tú y Yo


Lloraste como a quien se le trata de bruta cinco veces.
Te dormiste en la mesa, clásico.
Te soñaste gozosa en el piso
Después de votar tres vasos y una botella, típico.

Yo

No tengo palabras para describir las puertas vivas
Entradas cálidas
A tu cuerpo,
La única,
Las dos,
Las dos,
Y las tres.

Sobre nuevos vacíos

Vacíos están los vasos
Vacío el vino, vacíos los ojos
Por tanta malacosa que han mirado.

Vacíos nuestros labios
Por tantos otros labios que han besado
Vacías nuestras gargantas por tanta frase,
Tanta risa, tanto grito y tanto llanto.

Vacías las miradas de los las de afuera
Vacías las palabras.

Vacíos los jarros, las jarras y las rajas,
Vacíos los platos, paltos y platillos,
Vacíos los estómagos y los fierros,
Vacías las botellas,
Vacío el fuego,
Vacío el estanque,
Vacía TU mirada:

¿Ahora qué harás?

Tu Choza

Me gusta ir a tomar el fresco a tu choza,
Allí las ramas drenan el aire,
Lo abanican, lo endulzan.
Al pasar por este filtro fastuoso,
El aire que entra por tu ventana
Para abrazarse a tu cintura,
Refresca nuestras bocas
Para que podamos besarnos nuevamente.

Me gusta ir a tu choza,
Allí hay buena vista;
Hacia el norte veo la sierra,
Hacia el sur veo el río,
Hacia arriba un cielo hermoso de ramas secas
Y hacia el suelo tu ropa interior;
Más allá no hay mundo.

Me gusta ir a tu choza,
A tu casita en el árbol;
Me gusta que tú tengas trece y yo diez,
Me gusta que allí esperemos juntitos el amanecer.

Me gusta tomar el fresco en tu choza
Y me gusta saber que la recordaré.